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Manihi, la isla de las perlas

Manihi, la cuna del cultivo de la perla de Tahití

A 500 km de Tahití y a menos de 200 km de Rangiroa, el atolón de Manihi se asemeja a una gran corona de coral. Está formado por nueve motu entrecortados por los hoa, unos canales que unen la laguna y el océano. Aunque Mānihi encarna el perfecto paisaje de postal, con una laguna tan magnífica como abundante, el atolón también tiene otro interés: es la cuna del cultivo de la perla de Tahití, poe rava, del que aquí es posible descubrir todos los secretos...

3 buenas razones para elegir Manihi

La experiencia de las granjas perlíferas

Es en Manihi donde tiene su origen el cultivo de la perla de Tahití: en 1965, en esta laguna reputada por su riqueza en nácar se creó la primera granja perlífera de Polinesia. Desde entonces, el atolón se dedica a esta actividad apasionante. Visitar una de las granjas que constelan la laguna de Manihi es una experiencia única que permite apreciar el trabajo realizado para obtener esta valiosa gema, verdadera encarnación del esplendor de las lagunas polinesias.

Una laguna mágica

Las aguas cristalinas de Manihi y sus playas de arena fina son capaces de satisfacer a todo el mundo, al igual que las actividades intrínsecamente relacionadas con este universo acuático: descenso del canal Turipaoa en buceo libre, partidas de pesca con palangre en las que se realizan capturas con una facilidad sorprendente, paseo en kayak en medio de corales multicolores, etc. Los aficionados al submarinismo también conocen Manihi por la diversidad de su fauna marina y el espectáculo de la reproducción del mero y de la locha marmolada...

Un pueblo fuera del tiempo

En Turipaoa, pueblo florido y lleno de color a orillas del canal del mismo nombre, se saborea el ambiente apacible de las Tuamotu, entre las actividades de trenzado de las señoras y los chapoteos de los niños al borde de la laguna. La mayoría de las casas muestran los signos de una actividad dedicada por entero a la perlicultura: recolectores, cuerdas, flotadores, nácar colgado aquí y allá…

 


 

Unas pensiones familiares auténticas y acogedores, cada una con su playa privada, en unos motu paradisiacos.

Un hotel lujoso y refinado en un entorno igualmente delicioso para vivir las Tuamotu en un ambiente a la vez relajado y animado.

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