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Islas principales

Fakarava, entre el cielo y el mar

Fakarava, santuario de una fauna preservada, tiene atractivos para despertar el Robinsón que duerme en cada uno de nosotros

El éxtasis tiene un nombre: Fakarava. Con sus paisajes asombrosos, el atolón es uno de esos lugares que no hay que perderse y que dejan deslumbrado. Kilómetros de motu con playas tan desiertas como paradisiacas, una inmensa laguna de más de 1.000 km2. Más allá de estos atractivos indudables, el atolón posee un patrimonio arqueológico y arquitectónico que muestra las diferentes etapas de su pasado: en el antiguo pueblo de Tetamanu subsiste una de las primeras iglesias católicas construidas en Polinesia, en 1874, mientras que antiguos y legendarios restos arqueológicos en coral siguen siendo visibles en algunos motu, alimentando el espíritu ancestral del lugar.

3 buenas razones para elegir Fakarava

Reserva de la biosfera de la UNESCO

La fauna y la flora tanto acuáticas como terrestres de Fakarava son notables, con especies raras endémicas y protegidas. Hasta el punto que el atolón se ha convertido en una reserva de la biosfera de la UNESCO. Uno de los objetivos es conciliar la preservación de los recursos naturales y el desarrollo humano (investigación, vigilancia, formación y educación) para mantener estos ecosistemas únicos en el mundo.

Unos fondos marinos sensacionales

Fakarava (literalmente, “volver bello, magnificar”) es tan hermosa sobre el agua como debajo de ella. Unos fondos transparentes, un casting submarino de cinco estrellas, corales fosforescentes y un agua divinamente cálida: unas gafas de buceo, unas aletas y un tubo bastan para quedar fascinado por las maravillas oceánicas. Los submarinistas del mundo entero sueñan con Fakarava para realizar unas inmersiones espectaculares: macizos de coral como en los comienzos del mundo, bancos con miles de peces y “muros” de tiburones cerca de los canales… ¡Los escalofríos están garantizados!

El azul Matisse

El célebre pintor Henri Matisse (1869-1954) afirmaba que el color era “una liberación”. Eb 1930, el artista se alojó tres meses en Tahití, llevando su exploración hasta Fakarava, donde quedó irremediablemente fascinado por las variaciones de azul de la laguna. Un descubrimiento tan “violento” que liberó un nuevo empuje creativo en Matisse... Los visitantes tendrán a buen seguro esta sensación delante de estos azules tan intensos que tienen un efecto terapéutico.

 


 

Las posibilidades de alojamiento también son variadas ya que la gama se extiende con pequeños establecimientos con encanto, con bungalows al borde de la playa y las auténticas pensiones familiares. Un hotel de lujo perfectamente integrado en el entorno también acoge a los visitantes.

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