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Información general

Top 10 de Tahit¡

Lo que no hay que perderse en Tahití y sus islas

Pasar al menos una noche en un bungalow sobre pilotes

El concepto del bungalow sobre pilotes nació en nuestras islas. Simbolizan “el no va más”: el lujo en el paraíso. Dormirse acunado por el chapoteo del agua contra los pilotes, observar el baile de los peces a través del fondo de cristal, zambullirse desde la terraza en un acuario natural y despertarse con un desayuno traído en piragua: ¿y si el sueño se hiciera realidad?

Bucear en unos acuarios naturales

Los submarinistas del mundo entero conocen Tahití y sus islas por sus spots y sus canales, que figuran entre los lugares con mayor abundancia de peces del planeta. Para los entendidos, Rangiroa, el mayor atolón de las TuamotuFakarava, la “meca” del submarinismo, o Tikehau son unos destinos míticos. Las islas de la Sociedad, de las Marquesas y de las Australes también cuentan con spots privilegiados donde se pueden encontrar tanto grandes especies (tiburones, rayas, delfines, ballenas…) como miles de peces multicolores de los arrecifes.

Comer pescado crudo con leche de coco

No se puede visitar Tahití y sus islas sin probar este plato típico a base de atún crudo marinado en limón, verduras cortadas en dados, todo ello regado con leche de coco recién extraída. Las “roulottes” (puestos ambulantes), cafeterías y restaurantes lo incluyen en su menú.

Hay otros platos locales destacados que hay que probar: el pescado crudo al estilo chino, el chao mein, el ma’a tinito y, sobre todo, las especialidades cocidas en el horno tradicional tahitiano (ma’a tahiti) que algunos restaurantes preparan los domingos.

Recorrer el mercado de Papeete

Situado en el centro de Papeete, el mercado municipal concentra la animación de la ciudad, con sus puestos de frutas y verduras, pescados y flores. Los vendedores de artesanía presentan los productos de los cuatro archipiélagos (esculturas, tifaifai, joyas, pareos, cestería…).

Una visita al mercado antes de regresar a su país le permitirá hacerse con un montón de recuerdos (vainilla, artesanía, monoï, instrumentos de música…) para traer. No debe perderse: una visita al mercado el domingo por la mañana a partir de las 4 h, antes de la misa.

Una escapada a Moorea, la isla hermana de Tahití

A 17 kilómetros de Papeete, accesible por barco rápido en 40 minutos, Moorea es una isla menos habitada (18.000 habitantes) que conserva su autenticidad. Puede realizarse una excursión de un día, aunque son necesarios varios días para explorarla completamente.

Visitar un atolón de las Tuamotu

Llegar físicamente a una isla baja –o atolón- es una experiencia inolvidable. Desde el avión, ver extenderse a lo largo de decenas de kilómetros un rosario de islotes de coral, alrededor de una laguna turquesa es asombroso. Imaginarse una población que vive en este entorno, perdido en la inmensidad del Océano, es surrealista. Compartir la vida cotidiana de los habitantes, al ritmo del mar, durante unos días no puede explicarse con palabras… Es en estos pedazos de islas donde nació el cultivo de la perla de Tahití.

Los atolones más visitados son Rangiroa, Fakarava y Tikehau, que cuentan con un hotel de categoría internacional. Otros atolones menos conocidos disponen de pensiones familiares que reservan a sus visitantes un trato auténtico.

Ver Bora Bora y…mucho más

Para la mayoría de nuestros visitantes, una estancia en Bora Bora es irrenunciable. La “perla del Pacífico”, pese a su desarrollo turístico, siempre está a la altura de su fama. Sin embargo, ofrece mucho más de lo que las postales nos quieren enseñar: el interior de la isla, su historia, sus rayas manta y su laguna, pero también sus grandes hoteles y spas en los motu (islotes), accesibles únicamente en barco.

Si dispone de algunos días más, no deje de visitar su hermana pequeña, Maupiti, salvaje y preservada, accesible en barco desde Bora Bora o en avión. Garantiza exotismo y un verdadero viaje en el tiempo…

Visitar un marae

Presentes en la mayoría de las islas, estos vestigios arqueológicos muestran cómo era la organización de la sociedad polinesia antes de la llegada de los misioneros en el siglo XVIII. Los más importantes complejos arqueológicos están situados en Raiatea (marae internacional), Huahine y en las islas Marquesas.

Ver un espectáculo de danzas polinesias

Antaño prohibida por los misioneros, la danza es, hoy más que nunca, parte integrante de la cultura polinesia. Las niñas y niños bailan desde su más tierna infancia. En julio, el Heiva i Tahití, organizado en Tahití y en la mayoría de las islas, es la oportunidad de ver actuar a los principales grupos y escuelas de danza de mayor prestigio.

Los grandes hoteles organizan con regularidad veladas polinesias con espectáculos de canciones y danzas, durante la “hora feliz” o con un buffet temático.

Explorar el interior de las islas

El interior de las islas altas (islas de la Sociedad pero también las de los archipiélagos de las Marquesas y de las Australes) alberga abundantes tesoros. Durante unas excursiones con guía (en 4X4, en quad o a pie) o en un vehículo de alquiler, los valles y las montañas se ofrecen generosos a la curiosidad del visitante. Vestigios arqueológicos, una vegetación exuberante, ríos y cataratas recompensan a quienes se aventuran.

Partir tras las huellas de los primeros misioneros en las Gambier.

Lugar de implantación de la primera misión católica en 1834, Mangareva, la isla principal, cuenta con un gran número de vestigios históricos de los primeros misioneros. A partir de los años noventa, es el esplendor de las perlas de cultivo de las Gambier lo que ha permitido a estas islas desarrollarse económicamente.

Observar las ballenas fuera de las rutas habituales en las Australes

Cada año de julio a noviembre, la isla de Rurutu, en las Australes, es la plataforma de observación privilegiada de estos grandes cetáceos que acuden a criar cerca de sus costas. Un espectáculo único y sólo para usted. Las Australes le ofrecerán una sensación incomparable de estar en un lugar del fin del mundo.

Las Marquesas: explorar la Tierra de los Hombres

Por mar, a bordo del célebre cargo-mixto Aranui, o de forma más clásica en avión, llegar a las Marquesas siempre supone un doble choque: por un lado, el encuentro con una cultura en plena renovación desde hace más de 20 años y, por otro, el descubrimiento de una naturaleza salvaje e intacta.

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