siga con nosotros
Cultura

Perla de Tahiti

La beauté de la Perle de Tahiti
© Grégoire LE BACON

Elegancia y belleza de la Polinesia Francesa, la perla de Tahití es un verdadero tesoro, único y auténtico.

La perla de Tahití procede de las secreciones de nácar de una especie muy particular de ostras, la Pinctada margaritifera, que vive en las aguas cálidas polinesias. Desde hace 40 años, las islas y, más especialmente, las Tuamotu-Gambier, viven al ritmo de las cosechas de la célebre gema, cultivada en el corazón de las lagunas. Una actividad que requiere un trabajo largo y duro: tras cuatro años de mantenimiento y cuidados minuciosos, las ostras cultivadas sólo producen unas pocas perlas comercializables, y las perlas redondas sin defectos son muy escasas.

 

La perla de cultivo de Tahití es reconocida en el mercado mundial por la Confederación Internacional de Bisutería, Joyería y Orfebrería (CIBJO) que le dio sus cartas de nobleza en 1976 y por el Instituto Gemológico de América, que ha autentificado sus colores naturales.

Porque si el tamaño y el brillo de la perla de Tahití conforman parte de su personalidad, es la increíble variedad de matices la que la convierte en una joya sin igual. Aunque a menudo se la llame “perla negra”, tiene un abanico de tonalidades que va del gris muy claro al antracita más oscuro, pasando por tonos más originales, como el marfil, el rosa pálido, el dorado profundo, el verde pistacho, el azul laguna, el ala de mosca...

Estos mil y un tonos diferentes son el fruto de una formidable alquimia natural, influida por el color de la ostra, la temperatura y la salinidad del agua, la profundidad, el porcentaje de plancton y de sales minerales de las lagunas…

Gracias a este proceso, la perla de Tahití siempre es diferente, única y, hecho suficientemente inhabitual para ser mencionado, es lucida tanto por mujeres como por hombres. Indiferente a los efectos de la moda, seduce asimismo a los famosos y a los íconos de la cultura, que adoran su connotación mística y su elegancia contemporánea.

Diseñadores como Jean-Paul Gauthier, Karl Lagerfeld o Alexander McQueen la han adoptado desde hace tiempo para integrarla en sus colecciones, mientras que es llevada por las mujeres más deseadas, como Kate Moss, Jerry Hall, Sharon Stone, Liz Taylor, Joan Collins...

Si la forma perfectamente redonda es la imagen más familiar de la perla de Tahití, puede adoptar siluetas mucho más originales. Los cultivadores de perlas suelen clasificar sus gemas en cinco categorías de formas: redondas, semi-redondas (perlas casi esféricas con ligeras variaciones de diámetro), anilladas (con estrías en su superficie), semi-barrocas (perlas simétricas pero no esféricas, en forma de pera, de gota, de botón...) y barrocas (totalmente asimétricas).

 

Le joyau de la perle de Tahiti grâce aux nacres des fermes perlières en Polynésie française
© Tahiti My Concierge

Joyas para todos los gustos

Gracias a su gran variedad de formas y colores, las perlas de Tahití representan una fuente de inspiración para los joyeros y diseñadores. Los escaparates de las joyerías polinesias ilustran muy bien la gran cantidad de posibilidades ofrecidas por la célebre gema.

 

Si busca una joya discreta, podrá por ejemplo optar por una perla única colocada sobre un engarce en oro, diamante, plata, en acero o en cuero, ya que en función de sus matices la perla combina con todo tipo de soportes. Algunos creadores realizan asimismo magníficas piezas combinando varias perlas entre sí. Según el efecto buscado, estas joyas podrán parecer perfectamente simétricas (perlas del mismo tamaño o ensambladas con un diámetro de mayor a menor), unicolores (combinación de perlas del mismo color) o al contrario parecer asimétricas, bicolores o multicolores (creaciones a base de perlas completamente diferentes).

A esta gama de productos conviene añadir aquellos en los que la perla de Tahití acompaña otros materiales, como las piedras preciosas o el nácar grabado.

Belleza en estado puro

La mayoría de los vendedores de perlas de Tahití proponen, además de sus colecciones de joyas trabajadas, una amplia gama de gemas en estado bruto. De este modo, podrá elegir precisamente la perla o las perlas a su gusto y componer una joya a medida. Para ello, le bastará decir lo que desea al joyero, que montará sus perlas siguiendo sus ideas.

Si desea regalar la gema o hacerla montar más tarde, también podrá pedir al joyero o al perlicultor realizar una simple perforación.

El nácar

La perla no es la única riqueza producida a partir de las ostras polinesias. El nácar de las conchas es otro recurso natural explotado por los joyeros. Una vez seleccionados, los nácares son limpiados y pulidos para obtener un brillo iridiscente. Los creadores utilizan posteriormente esta materia prima recortándola en diversas piezas de joyería o grabando sobre ella motivos polinesios.

Podrá admirar y, por supuesto, comprar las joyas creadas en todos los establecimientos turísticos de las islas: mercado de Papeetē, frente de mar de Tahití, tiendas de los hoteles, de los aeropuertos, casas de la artesanía...

close