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Cultura

Cantos

Los cánticos polinesios del pasado a menudo eran sagrados y eran entonados por los sacerdotes en el recinto de los marae o con motivo de ceremonias especiales.

Otros cánticos eran profanos y acompañaban los acontecimientos de la vida cotidiana. Así, existen reminiscencias sonoras de actividades colectivas como el vareo del tapa –tejido vegetal-. En las Marquesas, los cánticos de las ceremonias religiosas, que a menudo sólo eran comprendidos por los sacerdotes, estaban acompañados por tambores y palmas.

Durante las fiestas, los cánticos se sumaban progresivamente al ritmo iniciado por los pahu -tambores-. Es en el ámbito musical donde la ruptura con el pasado es más profunda. Tal vez porque nadie se ha encargado hasta ahora de “anotarla” o porque la influencia europea se ha impuesto muy pronto y sin violencia.

Esta influencia empezó con los marineros aficionados a las canciones y a las músicas profanas. Prosiguió con los misioneros que trajeron sus cánticos e himnos. Los hīmene son en realidad una mezcla de himnos religiosos de los primeros misioneros protestantes y de los cánticos polifónicos tahitianos en boga antes de la llegada de los europeos.

Las principales formas de hīmene son el hīmene tārava, el rū’au y el 'ūtē. Los dos primeros tienen sus raíces en la liturgia protestante inglesa y en el período preeuropeo. Estas dos expresiones musicales suelen elogiar a un clan, con sus jefes, su toponimia, sus mitos y legendas, sus atributos y gestas y proceden de textos muy poéticos. Cada isla, cada distrito tiene una forma específica de interpretarlos.

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